El rechazo de los implantes desde el punto de vista estrictamente médico NO existe, entendiéndose este hecho como la reacción inmunológica que provoca este elemento extraño al introducirse en el organismo y que provocaría la “expulsión” de ese implante.

Otra cosa es que en casos muy puntuales, en un porcentaje de alrededor del 4-5% de los implantes, simplemente no se integren (no “prendan”) en el hueso sin mediar ningún fenómeno objetivable ni, por tanto, predecible. Es decir, una vez esperado el periodo que todo implante necesita para integrarse (entre dos y cuatro meses dependiendo de múltiples factores), en el momento de colocar la prótesis se observa que ese implante tiene movilidad y, por tanto, no es capaz de soportar la carga de la prótesis para la que estaba prevista su colocación. Entonces, no conocemos la causa por la que ese pequeño porcentaje de implantes se pierde. Sin embargo, y este es un dato constatado a lo largo de muchos años de práctica clínica, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos, que una nueva colocación de implante en el mismo lugar tendrá casi todas las posibilidades de un éxito completo, siempre que se coloque a la persona adecuada, por parte del profesional adecuado y en las condiciones adecuadas.

Otra causa de pérdida de implantes incluye las infecciones del mismo o del hueso donde están alojados. Si el implante sustituye a un diente (o a un conjunto de ellos), cabe deducir que está sometido a las mismas enfermedades que pueden acaecer sobre las piezas dentarias que deberían estar en ese lugar. Si en el caso de los dientes naturales el proceso se denomina periodontitis, en el asunto que nos ocupa, se llama periimplantitis, siendo procesos similares y llegando en ambos casos sin los cuidados o tratamientos adecuados, a la destrucción del hueso subyacente y a la pérdida del diente o del implante.

Por ultimo es reseñable la sobrecarga excesiva que algunos hábitos parafuncionales como el bruxismo ejercen sobre los implantes. Se ha constatado que implantes perfectamente integrados y funcionantes han terminado perdiéndose por la excesiva presión que se provoca en estos casos. Por tanto es preciso evaluar la intensidad de bruxismo que presenta si el paciente que va a ser rehabilitado con implantes osteointegrados. En su caso habrá que tratar ese desorden, incluso con algún tipo de terapia psicológica y, ocasionalmente será preciso valorar el uso de mecanismos de contención por medio de férulas de descarga.





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