En el funcionamiento normal de la ATM (articulación temporomandibular), ni la articulación ni la musculatura asociada deben doler ni hacer ruidos tanto al realizar la acción de apertura o cierre mandibular como al lateralizar la misma. Debe funcionar suavemente y de forma indolora en su gama de movimientos normales.

El punto crítico para el paciente con problemas en la ATM es el estado del conjunto menisco-cóndilo (almohadilla-mandíbula) respecto a la fosa glenoidea (hueso temporal del cráneo) durante la carga máxima de la oclusión; es decir,  en el momento culminante de la fuerza de la masticación que provoca el contacto dental, fundamentalmente en los segmentos molares posteriores. La intercuspidación de los dientes y sus relaciones entre ellos determinan la dirección y la intensidad de la  fuerza que absorberán estas estructuras. Los músculos son los agentes de control definitivos.

Dicho de otra forma, la oclusión genera estímulos nerviosos gobernantes (propioceptivos) que terminan a nivel del Sistema Nervioso y son finalmente la fuente de control de lo que hacen los músculos, aunque  éstos son sólo el el mecanismo que media la acción y que permiten que la misma exista. La forma en que se ajustan los dientes es la que determina en última instancia la forma en que se ajusta la articulación. Por tanto, la buena relación entre  los componentes de la ATM depende en gran medida de las relaciones de los dientes entre sí. Y, de la misma manera, todo aquello que altere la conexión entre las piezas dentarias afectará al funcionamiento normal de la articulación.

En el comienzo de esas alteraciones se puede presentar un desplazamiento anormal del menisco pero que se vuelve a colocar en su lugar en uno o todos de esos movimientos, lo que se traduce por un ruido al abrir y cerrar la mandíbula (clic recíproco). Si el disco no vuelve a su sitio, puede interferir en la apertura de la boca, reduciendo la misma y pudiendo provocar dolor por compresión. En este caso, paradójicamente, los ruidos desaparecen. Si los ruidos son como crujidos, continuos, nos podemos enfrentar a enfermedades avanzadas degenerativas, del tipo de la artrosis. Otras enfermedades más agresivas pueden producir ruidos articulares, pero no es el propósito de este escrito describirlas aquí.

Baste decir que los ruidos articulares pueden avisarnos de que algo anormal está ocurriendo y que debemos tomar medidas para evitar que se presente alguna lesión irreversible o, al menos, evitar que las que se se han producido no avancen hasta provocar incapacidades importantes en el funcionamiento habitual de nuestra boca.





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